Uno de esos reflejos sin sentido, como rascarse sin que te pique.
Inés está llena de esos detalles, cuando cierra las ventanas jamás se la ve convencida de hacerlo por algo, eso me confunde. Este martes se dormía en mi pecho, por ejemplo.
Por un instante creí conocerla apenas, dormida, sin el gesto. Habla más por la noche, se refugia en lo tenue.
Sus ojos divagan, escucharla es maravilloso, las palabras en las que justo clavó su mirada esta vez fueron: "siempre", "vacío" y "onda". Respecto a su cuello esta vez nada que decir.
Inés está mejorando en lo que ella me hizo creer que no era buena, pero conserva otros vicios, como sonarse los dedos en compases exquisitos. No puede irse creo, le está costando, yo no dije nada hasta ahora, y ella no escucha mis pensamientos.
Yo quiero que se quede hasta la noche, más no porque porque la luz de la mañana la hace tender la cama y preparar el desayuno.